Luxación de rodilla: causas, síntomas y tratamiento
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Luxación de rodilla: causas, síntomas y tratamiento

27-08-2014
Luxación de rodilla: causas, síntomas y tratamiento
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La luxación de rodilla es poco común y su principal problema son los daños que puede causar en ligamentos y meniscos.

Los síntomas de una luxación de rodilla son principalmente el dolor y la inflamación de la rodilla.

El médico realizará una exploración para determinar si a causa de la luxación de rodilla se ha roto algún componente articular.

¿Qué es una luxación de rodilla?

Una luxación de rodilla es una lesión de la articulación de la rodilla en la cual los dos componentes óseos que la forman (el fémur y la tibia) pierden el acoplamiento articular entre ambos debido principalmente a un traumatismo de alta energía. Las luxaciones de rodilla en las que se produce el desplazamiento hacia delante o hacia detrás de la tibia sobre el fémur son consideradas urgencias traumatológicas en las que el principal problema que hay que detectar en el menor tiempo posible son las lesiones vasculares, principalmente de la arteria poplítea. Sin embargo, aunque no menos importante sobre todo a medio y largo plazo, normalmente vienen acompañadas de roturas de parte de los componentes ligamentosos, meniscales y óseos de la articulación.

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La luxación de la rodilla es una lesión traumatológica muy poco frecuente, se estima que ronda el 0.07% de todas las lesiones ortopédicas del cuerpo humano. Sin embargo, en numerosos estudios recientes se estima una gran pérdida de casos diagnosticados debido a mecanismos traumáticos donde se produce la luxación de la rodilla y la posterior reducción espontánea de la misma siendo difícil, por consiguiente, su diagnóstico final. De esta manera se estima que las luxaciones de rodilla presentan, en realidad, una prevalencia mucho mayor.

¿Qué tipos de luxación de rodilla hay?

Las luxaciones de rodilla las podemos clasificar según el tiempo de evolución en luxaciones agudas de rodilla si son menores a 3 semanas desde el accidente o mecanismo traumático y luxaciones de rodilla crónicas si son mayores de 3 semanas.

Foto luxación de rodilla

Desde un punto de vista clínico, las luxaciones de rodilla se pueden clasificar en 5 tipos:

  • Luxación anterior de rodilla: desplazamiento de la tibia por encima del fémur. Suponen el 40% de todas las luxaciones y generalmente se acompañan de la rotura del ligamento cruzado posterior (LCP).
  • Luxación posterior de la rodilla: desplazamiento de la tibia por debajo del fémur. Suponen un 33% de los casos.
  • Luxación interna de la rodilla: desplazamiento medial de la tibia respecto al fémur. Suponen un 4% de las luxaciones de rodilla.
  • Luxación externa de la rodilla: desplazamiento lateral de la tibia respecto al fémur. Suponen un 18% de todos los casos.
  • Luxación por rotación de la tibia sobre el fémur: este tipo de luxaciones son una mezcla de desplazamientos anteriores y posteriores con los mediales y laterales, son las luxaciones menos frecuentes de todas.

Síntomas de una luxación de rodilla

Las personas que padecen o han padecido una luxación de rodilla traumática presentan una rodilla muy inflamada, roja, dolorosa al tacto y a la presión y que generalmente no es capaz de flexionar ni de extender. Independientemente de ello, las personas que han sufrido una luxación de rodilla han debido de padecer un traumatismo de alta energía que haya podido propiciar el desplazamiento óseo de la tibia sobre el fémur o viceversa.

Los mecanismos más habituales a través de los cuales se producen este tipo de lesiones son los accidentes de tráfico (sobre todo el impacto del salpicadero en las rodillas) si es una luxación de rodilla posterior, un mecanismo de hiperextensión de la rodilla (en pacientes precipitados) en luxaciones anteriores de rodilla y mecanismo mixtos de rotación de la rodilla con la misma flexionada (sobre todo durante la realización de actividades deportivas) en las que se suele producir una luxación lateral junto con una anterior o posterior, luxaciones rotatorias.

Si existe afectación vascular por el mecanismo de la lesión, es posible que puedan presentar dolor y disminución de la coloración en el miembro inferior afectado en comparación con el anterior.

Imagen de paciente con luxación de rodilla

¿Cómo se diagnostica una luxación de rodilla?

En la mayoría de los casos en los que un paciente sufre una luxación de rodilla, el médico encuentra una rodilla inflamada, dolorosa a la palpación, rígida y deformada por el desplazamiento de los componentes óseos que la caracterizan. En los casos en los que la luxación de rodilla se ha reducido espontáneamente tras el mecanismo traumatológico el médico debe sospechar su existencia ante el hallazgo durante la exploración física de inestabilidad articular con sospecha de rotura de al menos dos de los componentes de la articulación.

En primer lugar el médico encargado de la atención sanitaria debe realizar una profunda anamnesis con el fin de averiguar el tipo de traumatismo, el mecanismo de acción y la fuerza que lo ha provocado. La situación del paciente en el momento del impacto o del mecanismo de acción también orienta al facultativo sobre el tipo de lesiones que puede encontrar o sospechar.

Tras la anamnesis o entrevista clínica, el médico realizará una exploración física completa de la articulación valorando la fuerza, la sensibilidad de la rodilla y de territorios distales, la movilidad y los ángulos conseguidos con el movimientos así como la presencia de signos exploratorias de lesiones meniscales y/o ligamentosas.

Hacer cuestionario de salud de rodilla

Si se sospecha luxación de rodilla tras esta exploración física, se debe intentar valorar la integridad de la vascularización distal a la lesión, para ello es muy importante palpar la intensidad y la presencia de pulsos arteriales distales y compararlos con la pierna sana contralateral. Ante la mínima duda de alteración vascular en una sospecha de luxación de rodilla se debe realizar una prueba de imagen como la arteriografía o ecografía doppler vascular para verificar la presencia o no de lesiones vasculares en el interior de la rodilla.

Tras la exploración física y neurovascular correspondiente, la mejor manera de detectar lesiones óseas adyacentes e intentar dilucidar el mecanismo de acción del traumatismo es la realización de radiografía de la rodilla afecta y de la contralateral generales en las proyecciones anteroposterior y lateral. Sólo tras la estabilización de la rodilla afectada y habiendo descartado patología vascular y neurológica se pueden pasar a realizar exploraciones radiológicas más avanzadas que nos mejoran el diagnóstico ya sospechado mediante la exploración física, principalmente la resonancia magnética.

Tratamiento de una luxación de rodilla

Una vez que se ha diagnosticado una luxación de rodilla traumática y se ha comprobado el mantenimiento de la función vascular y neurológica del miembro afectado se debe proceder a la reducción de la luxación. Para ello es necesario que el paciente permanezca sedado lo mejor posible para evitar dolor y conseguir una adecuada relajación muscular que permita una reducción lo más fisiológica posible.

Las técnicas de reducción de las luxaciones de rodilla dependen del mecanismo de acción del traumatismo y del tipo de luxación que tengamos. El objetivo final será la recolocación de los componentes óseos en la armonía articular adecuada, fisiológica y anatómica. Posteriormente se procederá a la fijación de la rodilla en extensión completa mediante la colocación de una férula de yeso al menos durante 2-3 semanas.

El tratamiento posterior no urgente de la rodilla es normalmente quirúrgico. Desde hace unos cuantos años y con la mejora de la eficacia y eficiencia de las intervenciones de reparación de ligamentos y meniscos mediante artroscopia, se recomienda de forma general la intervención quirúrgica para la reparación de las lesiones producidas por la luxación de la rodilla.

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Este tipo de intervenciones suele producirse en dos situaciones distintas dependiendo del tiempo de intervención. Por normal general se recomiendan las intervenciones quirúrgicas diferidas en torno a los 10-14 días. El objetivo médico que se pretende con la postergación durante este periodo de tiempo para la intervención quirúrgica es conseguir una articulación afectada con menor componente inflamatorio intraarticular, con unas estructuras internas más consolidadas tras la rotura y potenciar la musculatura extensora de la rodilla (cuádriceps) que mejorará la recuperación postoperatoria.

En aquellos casos en los que por la morbilidad del paciente no sea posible realizar la intervención en ese plazo de tiempo, suele ser preferible prolongar el tiempo de intervención quirúrgica hasta que el paciente consiga estabilizar la rodilla mediante métodos conservadores e intervenir en aquellos elementos cuya recuperación no se haya producido en las mejores circunstancias.

Información Médica de Confianza

Artículo de elaboración propia bajo la supervisión de nuestra Dirección Médica.

Fecha de publicación: 27-08-2014

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